Cabezón de Pisuerga

El nuevo centro cívico de Cabezón de Pisuerga se sitúa en una excelente parcela del centro del municipio, muy próxima a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

El conjunto se estructura a partir de la decisión inicial de organizar el programa de manera que la intervención pueda ser llevada a cabo fácilmente en dos fases, siendo la primera de ellas útil por sí misma. El teatro, que constituye la primera fase, se dispone a lo largo del borde de la parcela con la calle de Santa Olalla, dando forma a la vía y aprovechando la ligera pendiente del terreno para realizar el acceso del almacén a nivel del escenario.  Se economizan así los recursos a emplear mediante la adaptación poco agresiva a las características específicas del lugar. En vez de generar costosos desmontes, el edificio se acomoda de la forma menos violenta  posible.

En la parte más elevada de la parcela, que es también la más próxima a la plaza de la Iglesia, se sitúa el acceso principal, con un amplio espacio previo de reunión y encuentro. Este espacio previo desciende suavemente hasta la entrada, permitiendo de esta forma acceder directamente a la planta principal del edificio, en la que se desarrolla el espacio multifuncional de la gran sala, donde se pueden llevar a cabo todo tipo de eventos, presentaciones y espectáculos, gracias a la instalación de unas gradas telescópicas que permiten cambiar la fisonomía de la sala dependiendo de las necesidades de la misma. Se ha previsto también un área de almacenaje, de manera que las gradas puedan permanecer recogidas sin ocupar ningún espacio. Además, en la parte más alta de la sala, se ha reservado un espacio de butacas fijas.

La forma exterior del volumen del teatro es principalmente una respuesta funcional a las necesidades acústicas y visuales del espacio interior, pero al mismo tiempo pretende ser un elemento que, aunque integrándose con las cubiertas y la escala del entorno, sea también fácilmente reconocible como un edificio singular y representativo.

El resto del programa se desarrolla en una segunda fase que complementa funcional y volumétricamente a la primera. Una vez realizada la segunda fase, la flexibilidad de la propuesta permitiría que el acceso pudiera ser único para todo el edificio, o que pudieran mantenerse accesos independientes para cada fase, de manera que el teatro podría estar cerrado y funcionar el resto del programa o viceversa.