Jøssingfjord

Queremos conseguir con nuestro proyecto un museo que provoque un vínculo entre el hombre, la industria y la naturaleza. Proponemos un sistema modular mediante el que se conseguirá una rica complejidad, semejante a la del increíble entorno natural, pero mediante mecanismos sencillos, del mismo modo en que la industria actuaría para lograr un objetivo concreto.

Nuestro diseño consiste en volúmenes semejantes dispuestos de forma dispersa y conectados por espaciosos corredores. A pesar de la dispersión, las salas no están simplemente separadas, sino que están agrupadas en estrecha proximidad como una colonia, formando un todo, un gran paisaje integral y continuo. Se trata de una geografía artificial, un nuevo bosque de montañas con grandes lucernarios, cuyo interior podemos habitar.

Las funciones principales del museo se distribuyen entre los diferentes volúmenes de planta cuadrada, mientras que los espacios de servicio y comunicación vertical se colocan en las zonas que se generan entre dichos volúmenes. El resultado es que los lugares más importantes del programa se benefician de espacios diáfanos y regulares que disponen de grandes lucernarios por los que se introducirá una luz cenital y uniforme, como la difusa luz exterior de un día nublado, ideal para espacios expositivos.

La sencillez constructiva y la repetición de volúmenes iguales en planta posee múltiples ventajas. En primer lugar resulta más económico que uno o varios volúmenes irregulares.  También permite que una mayor superficie del programa se relacione de forma más próxima y directa con la naturaleza. Por otra parte, se crea una mayor flexibilidad programática, donde cada parte puede cerrarse pero donde también el conjunto puede funcionar como un todo.