Museo Sami

Proyectar un edificio para la cultura Sami, y en un enclave tan fabuloso como el que se propone, significa saber adaptarse y beneficiarse del entorno natural, de una manera respetuosa y sostenible.

Nuestra propuesta parte de esta idea, disgregando un programa extenso en pequeños volúmenes independientes, evitando de esta manera que el edificio muestre una presencia dominante en el paisaje. Esta solución que proponemos aporta también otras ventajas. En primer lugar, permite que una mayor superficie del programa se relacione de una forma más próxima con la naturaleza. Asimismo, la sencillez constructiva de volúmenes pequeños resulta más económica y evoca los sistemas empleados tradicionalmente por los Sami. Por otra parte, desarrollar el programa en volúmenes independientes que comparten un núcleo común, permite mantener cerrados diferentes áreas, mientras el resto del edificio puede seguir funcionando, lo que supone una mayor eficiencia energética. Hemos intentado al mismo tiempo, que ninguna de las piezas que forman el edificio tenga una presencia dominante sobre el resto, respetando la creencia Sami en un sistema social poco jerarquizado.

Apostamos por el uso de la madera como material constructivo, lo cual es evidentemente una solución acorde con la tradición Sami, pero que al mismo tiempo resulta completamente actual, ya que nos servimos de los mecanismos, las mejoras y la economía de medios que hacen de la construcción en madera la opción constructiva más acertada para la zona.

El funcionamiento del edificio es sencillo a pesar de la complejidad del programa, ya que todo se articula a través de un espacio central que es el vestíbulo, una zona amplia de encuentro y relación, donde se disponen las exposiciones temporales y en la que se puede establecer un escenario para representaciones, con gran capacidad. Este carácter central del vestíbulo, desde el que se accede al resto de espacios, permite un rápido entendimiento por parte del visitante, un fácil control de todas las partes por un único trabajador desde la recepción y una gran flexibilidad de usos.

Además del vestíbulo, el edificio cuenta con otros puntos de acceso independientes, cuyos recorridos no interfieren con el de la entrada principal ni con el del programa al aire libre. El recorrido exterior comienza en el vestíbulo, y desarrolla parte de sus funciones en áreas y plataformas próximas al edificio, lo que favorece el efecto de disolución de éste en su entorno natural. A medida que el recorrido se aleja del edificio, el programa va disminuyendo, ofreciendo la posibilidad de realizar pausas en puntos estratégicos, donde se encuentran las mejores vistas del paisaje.